OLER, SENTIR Y VIVIR LA PERIMETRAL
Como suele suceder, toparme con Hogar de Cristo en mi vida, fue un puro azar del destino.
Tras un mes conociendo la realidad ecuatoriana de la sierra, el colofón final que me tenían preparado era llegar a la Sergio Toral. Allí, encima de alguna de sus lomas, mi cabeza intentaba asimilar lo que mis ojos estaban viendo. La imagen era y es desoladora, kilómetros y kilómetros de aquella misma realidad de caña y madera.
Meses después, volvía a estar en aquella misma Perimetral. Recuerdo la primera noche que pasé en la antigua casa de voluntarios. Estaba muerto de calor, casi sin poder respirar entré en una casa que me recibió con la luz de una vela, la sonrisa de Anna, la vitalidad de Mari Carmen y la mirada de Kerlyn. Toda la noche sintiendo el pasar de los camiones y el zumbido de los mosquitos retumbando en mi oreja. Esa sensación nunca se me podrá olvidar y siempre irá conmigo.
Aquella noche apenas pude dormir. El corazón latía a una velocidad como si se fuera a salir del pecho. Tras meses esperando el momento, el momento estaba a punto de llegar. ¡Tenía ansias por empezar ya!
En mi cabeza las imágenes pasaban muy deprisa, la despedida de mi familia, la última conversación con mis amigos etc, mi mundo y todo lo que lo rodeaba acababa de cambiar. Sin embargo estaba muy seguro y convencido del paso que estaba dando. Por fin iba a poder poner al servicio de los excluidos mi trabajo.
A cada armado de casas que fui, con cada señora que hablé y en cada uno de los actos que participé lo que siempre buscaba eran las miradas de las personas. Aquellos ojos irradiando luz eran el motivo por el que estar allí, era el convencerme a mi mismo de que la decisión había sido la correcta.
Hoy echo de menos esa misma Perimetral con su ruido de camiones y sus mosquitos, añoro esas miradas y extraño Tarifa.
Ruido de camiones, zumbido de mosquitos y ese olor al entrar en las casas de los sectores. Ese olor que no es el reflejo de una rica comida, sino del agua estancada, ese olor que no es el de un niño recién bañado sino el del convivir con la basura, ese olor que no es el de una mujer perfumada, sino el de una madre que huele a sacrificio por llevar un plato de arroz a la mesa.
Si algo he aprendido en Hogar de Cristo es que el ciento por uno se cumple, y la posibilidad de CAMBIAR EL MUNDO es real.
El ejemplo de construir una casa de caña y madera entre 5 personas en 6 horas ...
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